Voy a comenzar este relato con mi edad. Tengo 60 años, vivo en un
pueblito del interior de Córdoba, donde las oportunidades de tirarse un
buen culito no son muchas, y menos aún cuando uno es veterano, casado y
con hijos mayores. Pero bueno, hay cosas que se dan sin premeditarlas y
es lo que me ocurrió a mí, y aunque me avergüence un poco, el placer fue
muy grande como para que el sentimiento de culpa me altere el recuerdo
de algo tan fuerte.Esto comienza una tarde de verano cuando un amigo nos invita a pasar un
fin de semana en su chalet a orillas del embalse río él, su esposa, su
joven hija de 19 años mi señora y yo.
Como soy fanático de la pesca llevé todo mi equipo y ni bien llegamos
alquilé un bote para salir después del asadito a pescar pejerreyes.
Después de comer todos dijeron que iban a dormir la siesta, así que yo
comencé a prepararme para aprovechar el día que se presentaba magnífico.
En eso estaba cuando Carla, la hija de mi amigo, me dijo:
- Jorge, puedo ir con usted? No tengo ganas de dormir la siesta…
La miré un poco extrañado, pero le dije:
- Pregúntale a tus padres, y prométeme que no vas a querer volverte mientras haya pique.
Para mis adentros pensé: Ojalá no la dejen, seguro que me "hinchará" las
bolas esta pendeja. Pero cuando la ví llegar corriendo a la orilla me
dije: Cagamos, la tengo que llevar.
- Mi papá dice que no tiene problemas, sólo me pidió que no te moleste.